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Dia Internacional de la mujer
En este 8 de marzo de 2008 se conmemora ,como es
habitual desde 1975,el "Día Internacional de la
Mujer".- Podríamos referirnos a la historia del
porqué de la elección de ese día; de las
persistentes, multitudinarias y persistentes
huelgas, marchas de mujeres de todo el mundo,
desde finales del siglo IXI, y hasta mediados
del XX, en pro del derecho de igualdad con los
hombres:-derecho al voto; descanso dominical y
jornadas laborales de 8 horas; igualdad de
salarios por tareas iguales; respeto pleno por
sus derechos como seres humanos.- La mayoría de
las veces esas acciones fueron violentamente
reprimidas, y como en todas las luchas en pro de
una sociedad más justa e igualitaria, muchas
mujeres perdieron sus vidas, y así son
recordadas en nuestros día, en esta fecha.-
Existen avances notorios
en aras de la igualdad, pero aún queda mucho
camino por recorrer.- Actualmente hay ejemplos
de mujeres ocupando importantes lugares de poder,
pero, como contrapartida subsisten en
porcentajes altísimos, otras que aún continúan
viviendo y padeciendo en estado de semi, o plena
esclavitud.-
Continúan realizando las
tareas más penosas; son propiedad de sus esposos;
son objeto de mutilación genital; son víctimas
de acoso sexual, psicológico, maltratos
domésticos, y demás manifestaciones de violencia,
como parte de "botín de guerra".- Los anteriores
son solamente algunos ejemplos de la realidad
que aún padecen la mayoría de las mujeres de
todo el mundo.
Es de esperar que antes
de finalizar este milenio se hagan realidad los
enunciados, derechos y garantías contenidos en
declaraciones, pactos, y compromisos
internacionales, y no se transformen en
ficciones, o peor, aún, en otra forma de
discriminación entre seres humanos del mismo
sexo.-
Susana Treviño Ghioldi-abogada-
Las ideas de sociedad que se nos presentan a los
ciudadanos del mundo son, la verdad, a cual más
deficientes, y todas, absolutamente todas,
adolecen del mismo mal: no poner al ser humano
al centro de la ecuación y pensar, en cambio,
que más vale el triunfo de una idea que la
sencilla felicidad de los humildes, los que
siempre acaban como carne de cañón en estas
grandes “luchas heroicas” que el género
masculino sigue empeñado en librar, obcecado por
la testosterona en sueños de grandeza, por quién
sabe qué impulso auto-destructivo de su
contenido genético.
Tengo una novela en ciernes donde las mujeres
toman el poder, corren a todos los hombres del
gobierno y declaran el reino de las mamacitas.
Cuando los hombres se rebelan, como sería de
esperar, ellas ponen estrógeno en las fuentes de
agua de las ciudades para bajarles a todos la
agresividad, feminizarlos y forzarlos a que
saquen su lado femenino. Una utopía, por
supuesto, imaginar la dulcificación de los
machos, pero, por Dios, cuánto bien nos haría
dejar de una vez por todas de hablar de armas y
ejércitos o dejar de imponer por la vía de la
fuerza, del chanchullo, o del irrespeto a
constituciones e instituciones, las famosas
“ideas” salvadoras. ¿Por qué no se podrá pensar
simplemente en la felicidad de las personas, en
las satisfacción de sus esenciales necesidades,
en la contribución del rico al bienestar y
elevación del pobre por la vía de los impuestos,
en el imperativo de la libertad de cada quien
como norma de convivencia esencial, en la
responsabilidad de cada quién dentro de su
comunidad de vivir con honra, decencia y respeto
hacia los demás?
Es bien fácil, desde las Casas Mamón, las Casas
del Pueblo, las mesas de los aviones privados,
escribir recetas de Hambre Cero, Desempleo Cero
y todos los otros ceros, mientras por otro lado
se violenta la vida de las mujeres o se empeña
la vida de los jóvenes ofreciéndolos para
ejércitos a cambio del favor del rico de turno,
el que tiene los petro-dólares y paga por los
aviones y los hoteles de toda la parentela.
Todas esas cosas que se justifican en defensa de
una idea, se desploman cuando se enfrentan con
la realidad miserable de las mayorías porque, si
algo está claro, es que la demagogia no da de
comer, ni resuelve nada.
Para seguir con las definiciones, entonces, ¿por
qué no hacer de este año el año de los tres
tiempos de comida, en vez del año del poder
ciudadano? ¿Por qué empezar por la política, la
ideología y no por lo que cualquier mujer, madre,
sabe que es lo esencial? La comida de la gente.
¿Dónde reside la felicidad? ¿Cómo poner la
felicidad humana al centro de la ecuación de
poder? Ese es el reto.
Si hablo de feminizar la sociedad es porque esto
no significa otra cosa que pensar en pequeño,
pensar en lo esencial, usar la negociación y la
armonía en el seno de la familia-nación y
guiarse por una ética de querer y cuidar, más
que por la de imponer y mandar. Aún los teóricos
más académicos lo saben: sin base técnico-material
no hay probabilidades de avanzar a un sistema
justo y equitativo. De allí que la felicidad,
una propuesta de sociedad que ponga al ser
humano y sus derechos esenciales como prioridad
número uno, es la base del sistema social que
necesitamos, no importa como se llame.
Gioconda Belli Enero 29, 2008 |